miércoles, 20 de junio de 2012

Tomates sorpresa


Siempre supe lo que era vivir en una casa con jardín, desde niña vi a mis papás cuidar de las plantas, realmente amarlas y sufrir cualquier desventura que les sucediera. (Mantener las maticas felices y sanas no es fácil en un clima de 38°grados centigrados a la sombra) Estaba rodeada de un ambiente vivo y natural, lleno de esos detalles que convierten un lugar en un hogar. A pesar de que lo admiraba y lo percibía, sólo participaba en diciembre pintando de blanco las piedras grandes del jardín y la rotonda de cayenos, jugaba con mi  hermanito a mojarnos con la manguera roja, para luego juntos coger impulso y caer deslizándonos con las rodillas por el prado húmedo. Luego de tener eso en casa por once años, me mudé a un apartamento en otra ciudad para iniciar la universidad, y no volví a tener jardines que apreciar.

Hace ya un par de años que tengo un panorama distinto, vivo en una casa con jardín y con un paisaje precioso. Al comienzo el área del jardín era un caos, es decir no había jardín, sólo ramas, hojas secas, tierra muerta y maleza. 

Un día mi abuela compró tierra y abono, con la ayuda de don Luis y Natanael, los jardineros de esta área, comenzaron a renovar la tierra, a sembrar sábila, trinitarios, begonias, rosales y todo quedó en su lugar. Hicieron un trabajo especialmente bonito, al menos fue un buen comienzo, ha pasado el tiempo y actualmente está mucho mejor.

Luego de unas cuantas semanas empezamos a notar que crecían unas ramitas, al parecer de unas semillas que venían entre la mezcla de abono y tierra, crecieron bastante rápido y decidimos esperar a ver qué resultaba. No dábamos crédito a lo que veíamos, lo que iba creciendo de repente, sin esperarlo, fue una sorpresa fascinante. 
    ¡Ese pedacito de tierra nos estaba entregando tomates verdes perfectos! 

No recuerdo cuánto tiempo logramos disfrutar de estos tomates, pero fueron más de treinta, luego comenzaron a crecer alargados como pimentones, luego más pequeños como ajíes, hasta que no crecieron más.
No tenía idea de la maravilla que era tener algún tipo de alimento sembrado en tu casa, ir al jardín, tomarlo y hacer una ensalada. Creía saberlo, me imaginaba la sensación, pero no estaba ni un poco cerca.
Aunque no hemos sembrado vegetales de esta magnitud,  sí tenemos orégano, hierbabuena y albahaca. 
Sin duda está en mis planes volver a tener pronto un sembradito así. 

Si tienen alguna recomendación o historia  acerca de esta labor, me encantaría saberla.

¿No es ésta una de las sorpresas más adorables que te puede dar la tierra?

Monina.

4 comentarios:

  1. Me encantan tus notas mi Julia!
    Mua
    Dlo

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  2. Del trabajo con Amor, resulta lo mejor ;)
    Lau Gmz!

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  3. Pero que lindo y lo mejor es darse cuenta de que no se requiere de algo excesivo para lograr algo así, tendré en mente sembrar algo algún día :)

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  4. ¡No lo puedo creer !

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