domingo, 27 de mayo de 2012

VIAJAR ES VIVIR// Ecuador

Para mi felicidad, se siguen sumando colaboradores y amigos al blog. En esta oportunidad Laura Andrea Pérez Duque, una gran y dulce amiga que disfruta de los viajes y de conocer nuevas culturas, hizo un viaje hace poco a Ecuador desde Medellín en bus. La invité a que compartiera con nosotros su experiencia en la sección "Viajar es vivir" de moninablues.com Fue una semana inolvidable y su relato resulta simplemente en las ganas de seguir sus pasos. Pónganse cómodos y disfruten la historia :)
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Debía estar en Quito el viernes 30 de marzo como lo había previamente acordado con Xavier que llegaría desde Martinica ese mismo día. La ruta que escogí fue Medellín-Cali; Cali-Ipiales; Ipiales-Tulcán; Tulcán-Quito. Son alrededor de 25 horas en total. No hice el viaje de corrido. Me fui de Medellín el miércoles en la noche y llegué a Quito el viernes en la tarde. Escogí esta ruta para poder ver a un amigo en Cali y de paso me ahorré 20 mil pesos en pasajes. 

Hay que ir desde Ipiales a Rumichaca; este es un trayecto de no más de 15 minutos y vale 1.500 pesos. Al llegar a Ipiales, sólo es cuestión de bajarse del bus y subirse casi que inmediatamente a la buseta hacia Rumichaca; no hay pierde. En Rumichaca se sella el pasaporte. Y para pasar a Ecuador se cruza un puente a pie. Antes de cruzar hay que asegurarse de tener dólares y preferiblemente en baja denominación. Habiendo cruzado hay que sellar el pasaporte de nuevo. A mí sólo me pidieron pasaporte, pero es posible cruzar únicamente con la cédula. No me pidieron vacuna de fiebre amarilla ni en Colombia ni en Ecuador y en la oficina de inmigración ecuatoriana hay un aviso muy claro donde especifican que para ellos no es un requisito. Cruzando la carretera están las busetas parqueadas que van hasta Tulcán por 75 centavos. Es más o menos un trayecto de media hora con un paisaje precioso y unas carreteras en muy buen estado.
En la terminal de Tulcán la oferta para Quito es algo agresiva; el costo del pasaje se ha borrado de mi memoria, pero tengo la idea que estaba entre 6.50 y 8 dólares. Son más o menos 6 horas de viaje. El paisaje también se disfruta mucho y con la cantidad de vendedores que se suben en el camino uno se pregunta si de verdad ya no está en Colombia; eso del “rebusque” no es sólo un rasgo colombiano. A mi lado iba una viejita hermosa con su traje típico que no hizo sino ofrecerme comida todo el viaje y yo agradecida y feliz se la recibí toda.

Es importante tener una idea de la ubicación del sitio al que se va a llegar en Quito para saber en qué terminal bajarse si en Quitumbe en el sur o en Carcelén en el norte. Llegué más o menos a las 5 de la tarde al hotel que Xavier había reservado en la Mariscal que es la zona más turística de Quito. Después de una merecida y larga ducha salí a la Avenida González Suárez y me decidí por sushi y torta de chocolate con helado de té verde como postre. Fue, sin duda, la mejor forma en que pude haberme dado la bienvenida. Xavier llegó después de media noche y después del respectivo saludo dormimos plácidamente sin hablar mucho de los planes para el día que desde ya empezaba.
El sol del sábado nos despertó con toda su magnitud. Desayunamos en silencio, felices de disfrutar la compañía del uno y del otro en una ciudad que por primera vez nos recibía. Justo al lado del hotel está el mirador de Guápulo y su iglesia, así que caminamos por toda esa zona mientras nos decidíamos por el siguiente paso a tomar. Recorrimos calles angostas y en piedra, disfrutando la paz y tranquilidad del ambiente. El sol todavía nos compartía su luz… Cosa que cambia después de medio día, cuando Quito se viste de traje gris. Fuimos a almorzar a un restaurante vegetariano en la ciudad moderna. No recuerdo el nombre pero recuerdo el nombre de dos calles cercanas: 9 de octubre y Jerónimo Carrión. Caminamos un rato más hasta llegar al Parque el Ejido, nos entregamos al abrazo de la madre tierra recostándonos en el pasto hasta que nos decidimos ir a conocer la ciudad antigua. Lo mejor es caminar sin guiarse mucho de mapas. La intuición es una de las mejores compañeras de viaje. Entramos a la catedral un buen rato mientras la lluvia cedía y regresamos felices y cansados al hotel. El domingo nos esperaba un vuelo a las 8 de la mañana que nos llevaría a Guayaquil.

Cuando llegamos a la terminal de Guayaquil un señor nos ofreció llevarnos a Montañita por U$50 en su aveo. Como íbamos sin saber en dónde nos quedaríamos en Montañita nos fuimos con el señor para llegar lo más pronto posible. Es un viaje que se disfruta mucho por la comodidad de la carretera, por el paisaje, por el sol y la brisa y por la anticipación de llegar al mar. En Montañita, después de preguntar en muchas partes nos quedamos en la zona de la punta en un hotel que se llama Balsa Surf Camp. Súper rico, súper recomendado. 
Nos quedamos hasta el jueves disfrutando del mar, de la playa, de un clima genial a pesar de los malos pronósticos, de la buena atención del hotel, de despertares con el sonido de las olas, de anocheceres con la luz de la luna y eso sí, el ambiente de rumba. Y sólo eso porque no íbamos en modo rumba. Y es que así es Montañita: rumba para el que quiere rumba y paz para el que quiere paz. Caminar por el pueblo es lo mejor con toda la oferta que hay. Tiendas de ropa, de artículos para surfing, spa, inciensos y aceites, artesanías locales, jugos, restaurantes, bares, discotecas… De todo, hasta restaurante vegetariano logramos conseguir :)
A medio día del viernes tomamos un bus hacia Guayaquil. Lo mejor es comprar el tiquete con algo de anticipación; puede ser el día anterior o en la mañana si se va a viajar en la tarde. El tiquete vale, si no estoy mal, U$7. Son 5 horarios al día, entonces lo mejor es aprovechar una caminada por el pueblo para preguntar.

En Guayaquil nos quedamos en un hotel cerca de la catedral metropolitana  y aprovechamos el gimnasio y la sauna para seguir relajados. Caminamos por el malecón Simón Bolívar y ahí mismo comimos: pasta con frutos del mar… Lo máximo! Caminamos un poco más por la zona y coincidimos con una procesión a propósito de semana santa. Al día siguiente entramos a la catedral, caminamos un poco más, comimos ensalada de fruta, tomamos juguito y así nos despedimos de Guayaquil. 

Llegamos a Quito en la tarde y subimos a El Panecillo, el principal mirador de la ciudad. En la noche, decidimos ir a comer por la avenida González Suárez al lado del restaurante de Sushi donde había comido la primera noche. No recuerdo el nombre de este otro restaurante, pero recuerdo que me comí la mejor ensalada de mi vida! Y eso junto con la profunda satisfacción y agradecimiento hacia la vida y hacia Xavier hicieron de esa última noche, la mejor. Xavier voló muy temprano la mañana siguiente y yo, sabiendo que volaba a medio día, caminé hasta el parque el Ejido, hice las últimas compras, me respiré a Quito con toda la consciencia posible y disfruté del maravilloso sol. 

En el vuelo de regreso algunas palabras encontraron el camino desde el alma hasta los dedos…
Se queda en mí esta semana que acaba de pasar; se queda en mí para siempre.
Se queda en mí el tiempo que me permitió vivirla, disfrutarla, acogerla...
Días de sol y de lluvia, de momentos de sabia soledad y de revelador silencio.
Con la compañía de un ser maravilloso que me enseña con cada gesto y palabra una parte de mí que subyace justo debajo de mi piel.
Viajar es mágicamente maravilloso; es una forma bellísima de abrir los horizontes de la mente, el corazón y el cuerpo -si es que los tienen-. 
El mundo, definitivamente, es un lugar perfecto.

Me despidió de Ecuador un sol hermoso que me acompañó en mi caminata por el mercado artesanal del parque El Ejido, me despidió la autenticidad de un país y su gente; me despidió la vida que al mismo tiempo me dice ¡bienvenida! Bienvenida a un mundo donde todo es posible y bueno…

 C'est la belle vie !

 A las 5 de la tarde ya estaba en mi casa, desempacando con una mezcla de nostalgia y felicidad… ♥ Laura A.Pérez.
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¡VIAJAR ES VIVIR!, gracias por leernos y por visitar el blog.
Feliz tarde de domingo.
Monina.

6 comentarios:

  1. Que maravilla de paseo y que bien escrito, con sencillez y con el alma.
    Por supuesto quiero ir !

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. viajar es vivir, pero compartir esas experiencias es algo aun mas lindo, esas que te transportan y te dan aun mas ganas de comerte al mundo a pedacitos. Que buena seccion, que buen viaje!

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    1. Es cierto, al compartirlo se hace más grande esa sensación de vida, bonita reflexión :)

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  4. Me gustó mucho lo emotivo y la sencillez de su relato. Me dieron ganas de volver a esos lugares, volverlos a recorrer y quererlos un poquito... porque la verdad Ecuador mmmm... pues no es de mis amores... cuando lo conocí (aunque la pase bien, el hecho de ver matar a un cury y bueno, los hechos que se desencadenaron luego pues me dejaron un poco... digamos, no-feliz.)

    En todo caso luego de leer a Laura me dieron ganas de volver.

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  5. Montañita es un lugar sin-igual.
    También lo recomiendo!
    Gracias Laura por compartir tu viaje.
    Gab-

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