viernes, 1 de agosto de 2014

Viajar es Vivir: Tolú y Puerto Viejo, Sucre

Este es un viaje sencillo, de un par de días si estás a algunas horas de Sincelejo, pero puede ser tan profundo como quieras, según la intención que lleves y gracias al escenario y ambiente que te ofrece. 

El centro del viaje no fue exactamente a la Villa Tres Veces Coronada de Santiago de Tolú, común y convenientemente llamado: Tolú, a secas,  pero como ha sido el paso obligado para que se den los últimos viajes, dos a Isla Múcura y el de esta ocasión a las casas de Puerto Viejo frente a la playa, lo titulo así.

De las contadas veces que he visitado Sucre, en esta oportunidad el calor fue más allá de un abrazo, sentí que la temperatura alcanzaba más de 40 grados. A pesar de la sequía que castiga al país (y los problemas en el servicio de agua en esta zona) esta región luce verde  y viva. No me canso de halagar y de apreciar el recorrido desde Sincelejo hacia Tolú, es realmente precioso. Ya había comentado en un post anterior el bien que le hicieron a su tierra las manos y los corazones que plantaron árboles a cada lado de la carretera, creando este escenario bellísimo.


Luego de recorrer al rededor de 35 kilómetros, llegamos directamente a Puerto Viejo desde Sincelejo. Bajamos el equipaje del carro, nos instalamos y al darnos cuenta de todo lo que nos hacia falta para la estadía del fin de semana, nos devolvimos a Tolú que queda a 10 minutos para comprar algunos enceres y los ingredientes para una sopa de pescado con leche de coco y arroz de coco. Ñame, pimientos, yuca, papa, ajos, aceite, limones y arroz, los cocos estaban en la casona donde nos habíamos instalado previamente.

Erika, la señora que administra la casa de 7 habitaciones frente al mar, cocinera profesional, pronto especializada en comida mediterránea, nos recomendó ir a buscar el pescado en la Pesquera El Esfuerzo, también en Tolú. Fue con nosotros para elegir todo según su gusto y experiencia. 

Allí conseguimos siete libras de sierra fresca a seis mil pesos la libra y una de pargo de escamas plateadas y fucsias por nueve mil la libra. "Se ahorraron bastante, en la tiendesita del frente lo venden más caro", nos asegura Erika.

De la delicia culinaria que nos preparó ella, almorzamos al menos 16 personas. Así, que sí...barato. 



Tolú es un pueblo como cualquier otro de la costa caribe, tiene como actividades económicas principales la pesca y el turismo, sus calles angostas, casas de rejas altas y patios amplios para familias numerosas; vecinos sentados en la acera, muchos niños en bicicleta o jugando descalzos a la pelota, música a alto volumen, perros, carritos de vendedores ambulantes que ofrecen  mango, helados, raspao', cocadas y alegrías,  bolis -lo que se conoce en el interior como vikingos- También están estos carros que no los había visto en otro pueblo y al que nos subimos a pedalear la vez pasada. Suelen tener parlantes con música a alto volumen y la idea es que los turistas se diviertan dando una vuelta por el malecón.

Los románticos carruajes halados por caballos me parecen una tortura. Este caballo rubio era precioso,  ¡brillaba!, y en este caso debo decir que lucía muy cuidado y protegido. Quizás no tiene el ritmo de trabajo de los de Cartagena o simplemente su dueño lo ama.
Caminando por el malecón de Tolú, nos encontramos con una multitud de gente que observaba el mero enorme que habían pescado. Me acerqué a fotografiarlo, era impresionante. No pude evitar sentir pena por este pez de 150 kilos y de no menos de ¡50 años!, además de impotencia, pues el mero es un pez prácticamente extinto. (No ordenen mero en restaurantes, ¡por favor!) Esta pesca le representó al pescador  2'500.000 pesos y por ende un gran alivio a muchas de sus necesidades. A lo mejor le llegó el viejo mero a su red como respuesta a tantas oraciones.
Malecón de Tolú
Luego de terminar las compras, nos fuimos a Puerto Viejo para no salir más hasta el domingo que debíamos regresar a Barranquilla y así disfrutar con calma de las instalaciones, una casa de dos pisos en muy buen estado, todas las habitaciones tienen aire acondicionado, la cocina amplia, piscina, varias sillas de bronceo , seis  hamacas de lona blanca y más puntos para colgar -'guindar', como dirían aquí- otras  más.



La playa es muy limpia, de arena suave. El agua es fresca, liviana.
Es un ambiente tranquilo, silencioso para ir por la mañana a caminar por la orillita, escribir y dibujar en la arena, imaginar otro estilo de vida, que en la ciudad parece tan remoto. Aquí somos pies en la arena, sal en la piel, pelo y palmeras al son de la brisa y mucho azul, puro blues.


Después de la calma aparecieron los juegos acuáticos de siempre, el gusano, las sillas y un gran flotador. Nunca me había subido a ninguno, caer estrepitosamente en el agua no es mi fuerte, que entre agua a presión por la nariz es de las sensaciones más incómodas y fastidiosas que hay. Sin embargo esta vez lo hice y fue un susto divertido. Repetiría :)


 Dormir con el susurro constante del mar es sublime, así como despertar y recibir la mañana en el balcón con un café tinto y unos pancakes hechos por Erika, qué señora tan especial.
Estos van siendo nuestros viajes por la costa caribe colombiana, pedazos, claro, retazos pequeños de todo lo que hemos tenido la fortuna de recorrer. 

Ha pasado un poco más de un año y el ritmo ha sido a millón, esta tierra es de encanto, de sabores, de colores, de despertar de otro modo los sentidos.

No es mi cultura original, es la mitad de mi cultura porque por parte materna tengo esta tierra en la sangre, sin embargo suelo sentirme más como un espectador, por fuera, en vez de algo que me representa, quizás por eso lo disfruto de un modo diferente, tal como se disfruta de lo ajeno: con curiosidad, con tacto, con preguntas, con asombro, se aprecia y hasta se cuida de más porque se debe devolver, a lo mejor en algún momento deba devolverlo.

Por ahora esta es la tierra que me abona el corazón y yo la disfruto a manos llenas. 
Paso a paso la conozco y la quiero más, aún queda un montón por descubrir y sobre todo por compartir aquí. 

Gracias por pasar a visitar, espero tus comentarios, son bienvenidos.
Repite y practica: #ViajarEsVivir

Monina.

Pd. Si quieren tener info de hospedaje en este lugar para ir con un grupo de familia o amigos, comenta abajo o escríbeme a hello@moninablues.com

Colaboración en fotografías de la casa y juegos acuáticos: Andrea Rodríguez @D_zas3 

domingo, 27 de abril de 2014

Cerveza y Flores.

Soy de tierra caliente, y no por eso es necesario que me guste la cerveza, pero casi. En tierra caliente una cerveza cae simplemente bien siempre. Siempre.

Y de cerveza no sé mucho -nada -simplemente he identificado cuál clase es  mi favorita. 
Disfruto, entre otras buenas marcas, la Modelo Negra, la Apóstol tipo Bock, la cerveza artesanal de Bogotá Beer Company en especial la Chapinero Porter, cuya especialidad, según su reseña y lo que la debe hacer tan especial para mi, es un sabor delicioso a malta tostada. Pues bien este fin de semana compré algunas para tomar en casa en el balcón.

Hace unos dias iba pasando por un local pequeño donde venden sushi y entré a tomarme una Club Colombia negra mientras empezaba la reunión en un cineclub y no había, entonces vi en el refrigerador una botella de cerveza con una etiqueta que lucía oriental, la pedí y se trataba de la Kirin Ichiban, es japonesa, tipo larger, fresca, muy rica, llamada así por el ser mitológico Kirin que es mitad caballo y mitad dragón, símbolo de suerte. 
Resulta que esta cerveza llegó a ser más popular y más vendida que el mismo sake, la bebida tradicional japonesa. Y vale la pena echarle un vistazo a la historia de la compañía como caso de éxito, pasó por muchos inconvenientes y siempre encontró la estrategia adecuada para enfrentarlos.

Además de gustarme la cerveza, me gustan las botellas de vidrio (las latas y las cajas, los empaques) que son especiales, deliro con ellas, son una fijación. La forma, el color, las etiquetas, el diseño... siempre me las quiero llevar a casa o conservarlas.

Este fin de semana compré cerveza y flores y siento que son una muy buena mezcla, ¿no? 
La imagen, la marca de BBC me encanta, los tonos de las etiquetas, el estilo, la tipografía, el logo...Así es que por estos días así luce la barra de la cocina. 


"¿Cuántas veces no hemos probado un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cerveza que sabe a beso?" Gabriel García Márquez.

Feliz inicio de semana.
¡Suave que es lunes! :)

Monina.

Ps. Las flores eran para ti Jairi, pero no nos vimos I ❤️ you 

martes, 22 de abril de 2014

Viajar es Vivir: Golfo de Morrosquillo / Isla Múcura


La decisión de ir hasta Isla Múcura, una de las Islas que conforman el archipiélago de San Bernardo, se hizo pensando en practicar snorkeling en una de las playas más limpias, perfectas y claras de Colombia.

Hay varias formas de llegar hasta Isla Múcura, nosotros nos fuimos desde Barranquilla en auto hasta Sincelejo y temprano en la mañana salimos hacia Tolú. El camino era precioso, había neblina y a lado y lado de la carretera robles rosados guiando el camino y un montón de árboles sabios, de ramas empoderadas y fantásticas, que se coquetean, medio se rozan o se abrazan por completo con los árboles de enfrente, creando un caminito de sombra y y luz, que me hace pensar en las manos benditas que los plantaron, en quien o quienes imaginaron que con el tiempo le iban a dar esa magia al recorrido e iban a robarle el aliento a más de un viajero. Qué bien le hicieron a su tierra.

Le he nombrado 'Ruta Rosa' , hagámoslo oficial, ¿Siiii? :D

Al llegar a Tolú, se encuentran varios negocios frente al malecón que ofrecen planes para llevarte hasta la isla, el recorrido dura una hora en lancha. 
Hay dos planes, uno incluye almuerzo y entrada al acuario en Isla Palma por 55mil y el otro sólo la ida por 35mil, elegimos el segundo plan, pues en vez de entrar al acuario preferíamos practicar snorkeling al rededor del muelle, y por fortuna no entré, porque quienes entraron, salieron desanimados a causa de la decadencia, las condiciones en las que están los animales y la mala administración del lugar.  

Dejamos el auto en un parqueadero que nos prestaron como valor agregado de la agencia que elegimos, como son tantas ofreciendo lo mismo con algo deben diferenciarse. Caminamos,  un par de cuadras hasta el Malecon de los Delfines donde embarcaríamos.

Anuncian que las salidas son a partir de las siete de la mañana y que luego de esa hora es difícil encontrar viajes, pero esto no es muy cierto, eran mucho más de las nueve y aún no salíamos. Mientras tanto tienes la opción de tomar jugo de guayaba agria, maracuyá o corozo para refrescarte del clima caliente y disfrutar de la brisa tenue.
Este medio de transporte nunca lo había visto en otra región, el ciclo carro viene equipado con full música y según vi, tienes que ponerle energía al paseo, pues una vez montado, tienes que pedalear a la par con el dueño. Los hay más grandes, con más puestos y con techo, que no se pagan por pasaje, sino que se alquilan para grupos de amigos o familia, cuesta 10 mil pesos aproximadamente.

A la hora de embarcar me pareció que la lancha era muy bonita, pregunté si era nueva y me dijeron que no, que sólo tratada con amor. En este tipo de paseos, los chalecos suelen estar húmedos y el agua empozada en el piso y este no era el caso. La lancha se llama María Isa, es blanca con salpicaduras de pintura verde menta y con la cojinería del mismo tono. 

Subimos y el paisaje es tan lindo que la hora del recorrido no se siente, nos muestran la punta del Golfo de Morrosquillo y la primera parada es en Isla Palma donde está el acuario, no tomé fotos porque entraron al acuario con mi cámara y me dediqué a sumergirme al rededor del muelle.. 

¡Esto es precioso, todos estos años perdiéndome de este mundo submarino!, pensé. No es la primera vez que lo hago, pero cada vez se disfruta más y mejor, pues la técnica se perfecciona  y la resistencia aumenta.
Islote Santa Cruz
Pasada la hora en Isla Palma embarcamos de nuevo y pasamos frente al Islote Santa Cruz, es catalogado como el más densamente poblado del mundo, en el que viven bastante apretados, pero en palabras de Freddy, quién nos echó muchos cuentos durante la tarde, muy felices. 

Los infinitos matices de la felicidad. Éste, es en medio de la austeridad, (no la pobreza, porque eso ya es del espíritu) a un ritmo de vida más lento, saludables por tener como base de alimentación el pescado y la actividad física que demanda la pesca. Aprenden  a nadar antes que a caminar y su escenario del día a día es este magnífico lugar.

Tienen un puesto de salud al que envían médicos desde Cartagena que van más de vacaciones que a trabajar, por lo anteriormente mencionado; aunque si hay algún enfermo de gravedad, lo llevan hasta Rincón del Mar que queda a menos de una hora en San Onofre, Sucre.

Es común que tengan de a dos mujeres, esto los hará felices a ellos, no confirmé si a ellas. Tienen un calabozo dónde meten al que se esté pasando de la raya hasta que "se le pase la vaina", y nos aseguró que es mentira que las casas estén conectadas unas con otras y que para entrar en una, haya que pasar por la sala de la otra.


Una vez llegas a Isla Múcura, te ofrecen el almuerzo y un coctel de camarones o langosta del Junior, que incluye sentarse en su kiosko frente al mar y eso ya es ganancia. En Múcura no hay ruido, no hay luz eléctrica y es sorprendentemente limpia, no hay basura alrededor, no te encuentras con tapas o bolsas en la orilla y mucho menos dentro del agua.

Antes de almorzar decidimos ir a hacer snorkeling, el costo por llevarnos en lancha a 200 metros de la playa es de 15 mil pesos cada uno, pero como hubo conexión, teníamos nuestro equipo (careta, snorkel y aletas), sumado al acento 'golpiao' de Jairo que les hizo saber que era de la región, nos llevaron a ambos por el precio de uno. ¡chin-chin! :)

Ay qué placer sus aguas, tibias, transparentes, la libertad, los colores, la vida que pasa invisible hasta que decidimos sumergirnos. Al devolvernos, las personas que quieran pueden hacerlo haladas por una cuerda. Es fantástico.

Le mencioné al chico que manejaba la lancha, que nunca había visto una estrella de mar y cuando nos devolvíamos recogió una y me la entregó, ¿Qué tal el detalle? Por supuesto sólo la tuve un instante para sentir su textura, la admiré y la devolví al mar.

La hora de regreso es a las cuatro de la tarde, vamos a gran velocidad, la lancha se levanta por completo al romper las olas grandes, salpicándonos, algunos van asustados y otros vamos riéndonos como si se tratara de un juego.

Plenitud, es la palabra con que puedo describir el final de este día.

Es bello este país, y a pesar de la buena actitud de Freddy y la energía de sus palabras, no se puede negar que las condiciones de vida pueden elevarse brindando una escuela completa para los niños, garantizar un sistema de salud o agua potable. Deseamos que Parques Nacionales Naturales de Colombia, la Alcaldía de Cartagena  junto a  las entidades competentes los tenga en su plan de acción, protejan esta comunidad que es un tesoro y ajuste lo que haga falta para que sea un verdadero paraíso.


Viajar es vivir.
Gracias por visitar, ¡vuelve pronto!
Monina